JESÚS: ¿HACER LA VOLUNTAD DEL PADRE O SER EL HIJO DE DIOS?


JESÚS: ¿HACER LA VOLUNTAD DEL PADRE O SER EL HIJO DE DIOS?

30 de mayo de 2013
Autor: Gerardo Jofre

En el Evangelio de Juan podemos encontrar distintos dichos atribuidos a la tradición de Jesús que han dado pié al dogma cristiano de la “TRINIDAD” y a identificar a Jesús como “EL HIJO DE DIOS”. Sin embargo sabemos que el Evangelio de Juan es el más tardío de los Evangelios (aprox. finales siglo I) y es divergente a los Sinópticos.  Es una reelaboración de los otros tres, cargado de simbolismo y mística.  El Cuarto Evangelio no expresa de forma clara LA TRINIDAD como después se manifestará en siglos posteriores.

 

La cuestión es si existen distintas influencias judías en su composición. Yo creo que la respuesta es afirmativa.  Este Evangelio parece, como dice el profesor Antonio Piñero, haberse gestado en un ambiente religioso marginal del judaísmo que dio lugar a la gnosis. Puede decirse que es un texto protognóstico ya que todavía no acepta las ideas gnósticas que se establecerán en el cristianismo del siglo II. De esta manera puede añadirse que el Evangelio de Juan contiene ideas judeo helenísticas y ciertas expresiones cercanas a Qumrán.

 

Entre las ideas judías helenísticas que circulan en el texto de Juan contamos con la personificación de la sabiduria en Jesús (libros de los Proverbios (8,22-31) y Sabiduría ( 7,22-8,1) ). Y los paralelismos con Qumrán se dan especialmente en el vocabulario. “Espíritu de verdad” (Juan 14,17 = a 1QS 4, 21) y “Luz de vida” (Jn 8,12= a 1QS 3,7).

 

Ahora, vamos a analizar varios textos de Juan que parten del pensamiento judío y que después fueron reinterpretados por el cristianismo primitivo dando lugar a un cambio de sentido:

 

(Jn 5:30-32) “No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre. (31) Si yo doy testimonio acerca de mí mismo, mi testimonio no es verdadero. (32) Otro es el que da testimonio acerca de mí, y sé que el testimonio que da de mí es verdadero.”

 

Juan 7, 17-18:

 

“Así que Jesús les dijo:

—Mi mensaje no es mío sino que proviene de Dios, quien me envió. 17 Todo el que quiera hacer la voluntad de Dios sabrá si lo que enseño proviene de Dios o sólo hablo por mi propia cuenta.18 Los que hablan por su propia cuenta buscan su propia gloria, pero el que busca honrar a quien lo envió, habla con la verdad, no con mentiras.

 

Juan 8,26

 

Tengo mucho que decir y juzgar de vosotros, pero el que me envió es veraz; y yo, las cosas que oí de El, éstas digo al mundo.

 

Juan 8,54

 

“Jesús respondió: Si yo mismo me glorifico, mi gloria no es nada; es mi Padre el que me glorifica, de quien vosotros decís: “El es nuestro Dios”.

 

Juan 10,29-30 “Mi Padre que me las dio es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano del Padre. 30 Yo y el Padre somos uno“.

 

Juan 10, 34-38 “Jesús les respondió: ¿No está escrito en vuestra ley: “YO DIJE: SOIS DIOSES”? 35 Si a aquellos, a quienes vino la palabra de Dios, los llamó dioses (y la Escritura no se puede violar),36 ¿a quien el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís: “Blasfemas”, porque dije: “Yo soy el Hijo de Dios”? 37 Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis; 38 pero si las hago, aunque a mí no me creáis, creed las obras; para que sepáis y entendáis que el Padre está en mí y yo en el Padre”.

 

Juan 12,49-50  “Porque yo no he hablado por mi propia cuenta, sino que el Padre mismo que me ha enviado me ha dado mandamiento sobre lo que he de decir y lo que he de hablar. 50 Y sé que su mandamiento es vida eterna; por eso lo que hablo, lo hablo tal como el Padre me lo ha dicho”.

 

Si leemos estos textos independientemente del judaísmo indudablemente nos llevan a pensar que existía una relación especial entre Jesús y Dios. Incluso la frase “Yo y el Padre somos uno” sin un contexto judío evoca a la naturaleza divina de Jesús. Naturaleza divina que sostiene la teología cristiana.

 

Sin embargo a los ojos de un judío helenizado del siglo I cuando Jesús dice que “no puede hacer nada por si mismo” (Jn 5:30-32), “yo no he hablado por mi mismo” (Juan 7, 17-18:), “sino que proviene del Padre quien me envió”,  está en conexión con Juan 8,54, cuando dice “mi padre es quien me glorifica”. Y en Juan 7,16-18, cuando Jesús dice que “su voluntad ha desaparecido con el objetivo de llevar a cabo la voluntad de Dios”nos está dando una idea que era bien conocida por los judíos de aquella época y que dista mucho de una autodivinización. Se trata de una idea de la tradición oral de la escuela judía de Hilel (70 a. C.-10 d. C.):

 

Mishná 4

“Él (Rabán Gamliel) solía decir: Haz Su voluntad como si fuera la tuya, para que Él haga tu voluntad como si fuera la Suya.  Anula tu voluntad ante la Suya, para que Él anule la voluntad de otros ante tu voluntad”.“Él (Rabán Gamliel) solía decir: Haz Su voluntad como si fuera la tuya, para que Él haga tu voluntad como si fuera la Suya”.  Cuando tú cumples con la voluntad de D’os debiendo gastar mucho dinero para obedecer uno de sus mandamientos, asegúrate de hacer la voluntad de D’os como si estuvieras realizando tu propio deseo.  Cuando gastas dinero para comprar ropa o buena comida, lo gastas de buena gana, sin preocuparte por ello.  Similarmente, cuando gastes dinero para cumplir con una mitzvá – que es la voluntad de D’os – también tienes que hacerlo con entusiasmo y de buena gana, sin sentir que es una carga para ti.Si tú haces esto, D’os también complacerá tus deseos, colmándote de benevolencia, voluntaria y amablemente, ya que éste es Su comportamiento característico.(Basado en el comentario “Meam Loez” de Rabí Itzjak Magriso, s. XVIII)

 

Esta es la raíz judía de esos dichos atribuidos a Jesús.  Nos esta diciendo que cuando haces la voluntad de Dios como si fuera la tuya, la consecuencia es que Dios hace nuestra voluntad como la suya y cuando uno se supedita a la voluntad de Dios, entonces Dios suboordina la voluntad de los demás a la nuestra.

 

El filólogo francés del S.XIX, Ernest Renan, propuso en su libro “Vida de Jesús” que Hillel fue un “maestro” de Jesús de Nazaret. Eso no lo podemos saber de forma clara, pero es muy probable que Jesús recogiera de la Escuela de Hilel el cumplimiento de las normas éticas,  la piedad personal, la humildad y la preocupación por los demás. A Hilel se le atribuye el lema “No hagas a tu prójimo lo que odies que te hagan a ti”. Algo que nos recuerda a Marcos 12, 28-34 “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.“. 

 

Y en cuanto a autoproclamarse “Hijo de Dios“, en Juan 10,34-38, Jesús sólo está citando el Salmo 82,6  que proclama que todos somos “hijos de Dios” y que por tanto, él como judío podía decir que era un “Hijo de Dios“. En el Evangelio de Juan se está diciendo que Jesús siente como vacía su voluntad en la voluntad de Dios. Que un antiguo rabino judío anule su voluntad para hacer la voluntad de Dios no implica su divinización.

 

Sin embargo está idea al trasladarse al mundo pagano y alejarse del judaísmo cambio su significado a partir del siglo II. También podemos ver la misma idea en Talmud Shabbat 133 cuando se dice: Si deseas glorificar a Yahvé procura asemejarte a ÉL”. Hacer la voluntad del Padre es vaciarse de uno mismo, pero ¿eso es lo que nos decía el autor del Evangelio de Juan?.

 

Jesús creyó al final de su misión que era el mesías de Israel, pero en un proceso aproximadamente de doscientos años, esos discípulos de ese mesías de Israel crucificado, lo consideran que es el HIJO DE DIOS. Este proceso de divinización de una persona humana se explica bastante bien en el pensamiento religioso que tenían los judíos, los romanos,y  los egipcios en el siglo I. Podemos decir, que los inicios de esa divinización de Jesús tienen lugar dentro del judaísmo piadoso, es decir, los judíos desde el 150 a.C.  comenzaban a pensar que Dios era tan lejano al ser humano que no podía actuar en el mundo sino por medio de intermediarios (su palabra, su presencia, su sabiduría, su agente (el mesías) o por medio de los ángeles, etc) y cuando después de la muerte de Jesús los cristianos primitivos creen que ha resucitado el sólo antes que los demás, entonces empiezan a pensar en la divinidad de Jesús.  Caen en la cuenta de que Jesús de algún modo reflejaba la presencia divina, la palabra o la sabiduria divina. Situando a Jesús una vez muerto, en el ámbito divino. Igualmente se pensaba en el Mediterraneo Oriental que estas personas que reflejaban la presencia divina, como por ejemplo el Cesar, una vez muertos, su alma sería uno de los dioses del cielo. De esta forma la divinidad tiene hijos entre los hombres, que cuando están en la tierra, es un ser aparentemente mortal, pero en el momento en que mueren son algo más que mortales, participando de alguna manera de lo divino. Entonces los cristianos primitivos, pasado un tiempo,  pensaron que esta persona mortal (Jesús de Nazaret), que había muerto y que después había resucitado y se halla a la derecha del Padre, tuvo que tener en vida destellos de la divinidad. El proceso finalmente acabó afirmando de alguna manera que Jesús tuvo en vida de forma potencial una esencia divina, transformándose la vida de un ser humano en la vida del HIJO DE DIOS.

 

Todo ello fue un proceso lento y gradual que duró 300 años. Desde el siglo I a.C. hasta el siglo I d.C. Fue un proceso aceptado tanto por judíos egipcios como griegos. Era aceptado que el faraón era la reencarnación del dios Horus en la Tierra. Cuando el cristianismo avanza en Egipto, a mediados del siglo I o más tarde, la creencia en Jesús como algo divino era muy bien aceptada.  Los seres humanos son elevados a un estatus divino después de su muerte y con el tiempo se afirma que su naturaleza divina de algún modo la tuvieron también en vida.  Por eso cuando Pablo predicaba en una Sinagoga sobre el Jesús celeste (divino de algún modo), no era rechazado. Era algo aceptado en el ambiente del judaísmo, del paganismo y del judeo-cristianismo. Incluso en el apócrifo judío de Enoc del siglo I,  los judíos le llaman “Juez Universal” y lo definen como “el que está a la derecha del Padre” y dice que “el nombre la esencia del mesías estaba pensado por Dios desde toda la eternidad”.

 

Con todo esto podemos entender porque el Evangelio de Juan nos habla en términos que rozan la divinización de Jesús. Sin embargo Jesús, en palabras de Antonio Piñero  “De las 1.300 veces que aparece la palabra Dios en el Nuevo Testamento, sólo en siete ocasiones se llama Dios a Jesús de manera directa. Y ninguna está en boca de Jesús”. Por tanto el sentido de lo que el Jesús histórico pudo haber dicho y que aparece en los versículos del Evangelio de Juan no fue un autoreconocimiento de ser “EL HIJO DE DIOS”, sino de anular su propia voluntad para hacer la voluntad de Dios, nada que ver con una divinización. En cambio la reinterpretación de Jesús en el cuarto Evangelio si que recoge en aquellas palabras un proceso de divinización.

Beso de Judas

Beso de Judas
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