Falsificaciones Bíblicas


Falsificaciones Bíblicas

(I) LAS RELIQUIAS DEL MEDIEVO.

Desde que existe la arqueología y el hallazgo de objetos valiosos, existe el riesgo de fraude. Generalmente el fraude en la arqueología siempre ha ido acompañado del móvil económico y su metodología es propiamente la falsificación de artefactos. Si esos objetos falsificados están ligados a la Biblia, su historia puede remontarse al menos, a los tiempos de las primeras peregrinaciones a Tierra Santa y la fabricación de reliquias falsas a partir del siglo IV d.C, después del año 323, cuando Roma se convierte al cristianismo y el Papa promueve que todos los altares consagrados contengan alguna reliquia, con la condición que sea aprobada por la Iglesia.

San Agustín (s.V d.C.) denunció a quienes vendían reliquias falsas. El Papa San Gregorio ( VII d.C.) prohibió la venta de reliquias. La falsificación y tráfico de objetos de culto falsos llegó a tal punto a partir de los siglos posteriores que fue rechazada su veneración tras la llegada del protestantismo. Si en Nuremberg la Lanza de San Mauricio o también llamada Lanza de Longinos, una pieza actualmente en el museo Hofburg de Viena, había sido venerada junto a otras piezas alrededor del año 1424, tras el protestantismo, dejo de rendírsele culto.(Existen otras tres lanzas en Roma, Armenia y Polonia, más otra destruida en el siglo V d.C., en la Antioquia- Siria).

Guiberto de Nogent, denunció en su obra “De pignoribus sanctorum” del siglo XII el tráfico indiscriminado de falsas reliquias y tras la entrada de los Cruzados en Constantinopla (año 1204) se incrementa considerablemente el número de supuestos restos sagrados. Hay más de 40 sudarios, 35 clavos de la pasión, tres santos prepucios y varios cordones umbilicales del niño Jesús, plumas del arcángel San Gabriel, el suspiro de San José, leche de la Virgen María, un pañal del niño Jesús e infinidad de huesos atribuidos a santos.

La investigación de reliquias es un área sumamente polémica. Dice el profesor Martín Biddle (arqueología Medieval-Universidad de Oxford ) “Las reliquias son objetos reales que vale la pena estudiar. Son objetos muy interesantes, tanto si se trata del sudario de Turín como el Titulus Crucis, pero debemos acercarnos a ellos con cierta dosis de escepticismo”.

(II) EL GIGANTE DE CARDIFF

«Y habiendo comenzado los hombres a multiplicarse sobre la tierra y engendrado hijas» « Viendo LOS HIJOS DE DIÓS, LAS HIJAS DE LOS HOMBRES que eran hermosas, tomáronse mujeres, las que escogieron entre todas» (Cap 6, 1-6 Genesis).

Y de esa unión nacieron los gigantes: ( Gen. VI, 4 ) «y habia gigantes por toda la tierra en aquellos dias: porque después que los hijos de Dios entraron a las hijas de los hombres y ellas tuvieron hijos, estos son los poderosos desde la antigüedad, varones de fama».

La palabra gigante en hebreo no sólo designa a una persona de gran tamaño y estatura, sino que en el contexto bíblico, también viene acompañada del calificativo de “tirano o violento…” Muchísimos han sido los escritores de la antigüedad que han trabajado sobre el tema de los gigantes que aparecen en la Biblia. Entre ellos destacan: Justino, Atenágonas, Clemente de Alejandria, Ireneo, Tertuliano, Cipriano, Ambrosio, Lactancio, Comodiano, Eusebio de Cesarea, Homilias Clementinas, Juan Crisóstomo, Cirilo de Alejandria, Teodoreto, Agustín, Jerónimo y un largo etcétera.

La palabra gigante, lleva cargada un gran componente mitológico. Por ejemplo en la mitología griega, los gigantes son los hijos de GEA (tierra), nacidos de la sangre que manaba de la herida de su esposo URANO, cuando fue mutilado por CRONOS. Para los griegos los gigantes eran seres enormes, de gran fuerza y terrorífico aspecto. Aunque de origen divino se les podía dar muerte a condición de que lo hicieran, a la vez, un dios y un mortal. Su lugar de nacimiento fue Flegras, en la Peninsula de Palene, en Tracia. Siempre aparece una lucha entre los gigantes y el poder divino.

¿Mito o realidad?

Si bien hoy en día la arqueología descarta la existencia de una raza de gigantes con características físicas como las descritas en la Biblia, hasta principios del siglo XX autores cristianos todavía defendían en sus obras la veracidad en la existencia de los gigantes que narra la Biblia.

Durante el siglo XVIII Scio, basandose en los estudios de Calmet y este en el de los primeros padres de la Iglesia afirmaba ” Ningún hombre de juicio puede dudar de la existencia de gigantes, esto es, de hombres de extraordinaria y excesiva corpulencia, antes y después del Diluvio”. El padre Urráburo en su libro “Principios fundamentales de Antropologia” ( 1901 ) citaba a autores de la Iglesia como Hilario, Crisostomo, Cirilo, Teodoreto, Ruperto, Agustin y Alapide que defendian la existencia de los gigantes biblicos.

Según se desprende de la propia Biblia y del autor Menochio, el Diluvio no destruyó a todos los gigantes. Por ejemplo en Deuteronomio (3,11) se puede leer: “Porque solo Og rey de Basán habia quedado de la estirpe de los gigantes” y luego el texto sagrado ofrece datos sobre su estatura” Se muestra su cama de hierro, que está en Rabath de los hijos de Ammón, que tiene 9 codos de largo y 4 de ancho a la medida de un codo de mano de hombre”. Esta descripción podria no ser de una cama, sino de una tumba o sarcófago de la sepultura de este monarca. Asi ya lo entendian autores antiguos como Masio y Jansemio. De acuerdo con estas medidas que proporciona la Biblia, el Padre Erra atribuia a los gigantes una talla superior al doble de la estatura de un hombre común. Otras referencias al tamaño también aparecen en Números ( 13,27-34) y en la descripción de Goliat.

En cualquier caso, los gigantes aparecen en la Biblia para destacar una raza o grupo étnico diferenciado fruto de la unión entre pueblos idolatras y los descendientes de Seth. Pueblos lejanamente emparentados como los Emiméos, los Enaceós, los Zomzomméos, etc.

El Diluvio Universal habría marcado un antes y un después en la raza de gigantes y durante el siglo XIX había quienes creían que la arqueología hallaría restos de aquellos gigantes. Entre 1866 y 1868 Sr. Jorge Hull, de Binghamton, Nueva York estudió arqueología y paleontología. Durante este período de tiempo Hull contemplaba como los evangelistas predicaban afamadamente que habían existido gigantes en la tierra. En junio de 1868 Hull viajó a Iowa ,donde recordaba había una cantera de yeso. Con ánimo de realizar una broma contrató a un grupo de trabajadores para cortar una losa de doce pies de largo, cuatro pies de ancho y dos pies de espesor. Trasladó la pieza en ferrocarril hasta Chicago donde un escultor Edward Burghardt la talló con forma de gigante. Las instrucciones del arqueólogo eran claras había que tallar al gigante como si este hubiera muerto en la agonía. La estatua gozaba de gran detalle: uñas de los dedos, orificios en la nariz, órganos sexuales e incluso se detallaron los poros de la piel. Una vez la escultura fue acabada se le aplicó tinta y ácido sulfúrico para envejecerla. Una vez terminada el gigante fue trasportado en ferrocarril a la granja de Guillermo Newell, su primo, localizado cerca de la ciudad de Cardiff, Nueva York. Por la noche Hull, Newell y su hijo mayor enterraron al gigante entre el granero y la casa. Unos meses más tarde otra granja cerca de Newell, saltó la noticia del hallazgo de huesos de fósil de aproximadamente millón de años; aquello era la oportunidad para destapar al gigante. El 15 de octubre de 1869, Newel siguiendo instrucciones de Hull mandó excavar en el punto donde estaba el gigante. Rápidamente saltó la noticia de que en una granja cercana a la aldea de Cardiff, en Nueva York, había sido hallada una colosal estatua de 3 metros de altura y más de una tonelada de peso. Los estudiosos certificaron que no podía tratarse de ninguna manera de una estatua, y empezó a generarse el rumor de que en realidad se trataba de un gigante antediluviano petrificado. Aunque algunos expertos desconfiaban de la autenticidad del gigante, pronto se produjeron largas colas, donde los curiosos pagaban 25 centavos de entrada para ver al gigante de Cardiff. Dos días más tarde, el Diario Syracuse de Nueva York publicó un artículo sobre el descubrimiento y subió el precio de entrada a 50 centavos. Debido a la gran expectación que causaba el coloso, un banquero David Hannum se hizo con le gigante por 30.000 dólares y lo trasladó a una muestra en Syracuse y subió el precio a un dólar la entrada. P.T.Barnum, un organizador de espectáculos de uno de los circos más famosos de América, el Circo Baley, trató de hacerse con él pagando la suma de 50.000 dólares, pero Hannum la rechazó. Entonces Barnum hizo una réplica del gigante y anunció que le había comprado a Hannum el verdadero gigante y que el otro era una falsificación. Corriendo la gente se apresuró a ver este nuevo gigante y Hannum le puso un pleito. De nada sirvió, porque ambas estatuas eras falsas y el fraude se descubrió en la pieza original cuando los expertos hallaron marcas de cincel en la estatua. Actualmente el auténtico gigante de Cardiff está en el New York Historical Society’s Farmer’s Museum, Cooperstown, y la copia de Barnum en el Marvin’s Marvelous Mechanical Museum, Farmington Hills, MI.

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Fig. 1 – Gigante de Cardiff

(III) LA GRANADA DEL TEMPLO

En 1981 el célebre paleógrafo André Lamaire publicaba en Revue Biblique la noticia del descubrimiento de una granada de marfil, de 43 milímetros de altura y 21 milímetros de diámetro, sobre cuya superficie podía leerse: LBY(T YHW)H QDS KHNM. “perteneciente a la casa de YHH)W, consagrado a los sacerdotes”. La escritura aparentaba ser del siglo VIII a.C. y la expresión BYT YHWH refiere al Templo de Salomón en Jerusalén. La función del objeto, parece ser una punta de adorno para un cetro, similar a los hallados en excavaciones realizadas en Lachis y Enkomi. Si este objeto fuese verdadero se trataría del único objeto existente del Templo de Salomón y a su vez verificaría la existencia del famoso santuario.

El problema comienza con la forma sospechosa del hallazgo. Lejos de un contexto arqueológico, este objeto aparece en el mercado de antigüedades de Jerusalén en 1979. En 1984 Andre Lamaire, vuelve a publicar un artículo en Biblical Archaeological Review donde aboga por la autenticidad de la granada y En 1988 los arqueólogos israelíes autentificaron el objeto, creyendo que había sido sacado de forma clandestina de Israel nueve años antes. El museo lo compró por más de 500.000 dólares a un desconocido (otros dicen un millón) a través de una cuenta en un banco suizo.

La granada pasó a una de las vitrinas del museo de Israel, pasando con ello a ser una de las falsificaciones bíblicas más grandes de la historia. La imposibilidad de realizar la prueba del radiocarbono debido a su pequeñez y alto riesgo de dañar la pieza, ha mantenido la pieza entre la autenticidad y la falsificación hasta finales del año pasado.

Finalmente, en los últimos años han aparecido otras inscripciones de dudosa autenticidad similares a la granada del Templo, por lo que la Autoridad de Antigüedades de Israel realizó un nuevo examen minucioso llegando a la conclusión de que el objeto es mucho más antiguo de lo que se creía, pues data del siglo XIII o XIV a.C., en lugar del siglo VIII a.C. Pero si el objeto data de la Edad de Bronce tardía, el dictamen de la Autoridad de Antigüedades de Israel es contundente cuando afirma que “la inscripción no es antigua.” La granada fue reexaminada con un nuevo tipo de microscopio que descubrió material sintético en la inscripción, entre el marfil y la pátina. La inscripción sería falsa.

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Fig. 2 – Granada del Templo

(IV) LA TABLA DE JEHOASH

El 13 de enero de 2003 saltaba a la prensa la noticia del hallazgo de una tablilla con una inscripción fenicia atribuida al rey judío Jehoash que reinó en Jerusalén a finales del siglo IX a.C. Se trata de una inscripción de diez líneas escrita en primera persona que hace referencia a las “reparaciones ordenadas en el Templo” de Jerusalem por el rey Jehoash, y se parece mucho a un pasaje del capítulo 12 del Libro de los Reyes de la Biblia.

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Fig. 3 – Tabla de Jeoash

El profesor Victor Avigdor Hurowitz del departamento de la Biblia y Ancient Near Eastern Studies Ben-Gurion Universidad del Negev, Beer Sheva; concluye que «esta inscripción no puede reclamar ninguna suposición a priori de autenticidad, esto muestra una plétora de signos explícitos de falsificación, y cada uno que reclame su autenticidad debe llevar consigo la carga de prueba». Otro erudito desde la Universidad de California, el historiador David Noel Freedman, sostiene que la lengua de la inscripción Jehoash es incoherente con la que esperaríamos en una inscripción real de su tiempo.

Para el Doctor Rochelle I. Altman la inscripción en la tableta del templo es una falsificación “evidente”. Para este investigador los resultados resumidos del análisis forense de la tableta de Templo, son los siguientes:

El tipo de escritura es de conglomerado: una mezcla de gráfico redondo-cursivo y puntiagudo de diseño monumental, y de tradiciones Semíticas y al norte-centrales Semíticas territoriales de noroeste. El modelo es de sellos diferentes reales, estelas, y otros artefactos inscritos. El aspecto de una escritura de conglomerado en un documento es la prueba semiplena de su falsificación.

A diferencia de pruebas sobre la pátina superficial, que es fácil de falsificar, la prueba en cuanto al oro derretido en glóbulos realmente es imposible de fingir, esta es la única técnica posible por la que el GSI podría datar la tableta con tanta exactitud al año 587 a.C. La evidencia de estos glóbulos microscópicos de oro bajo la pátina falsa nos dice que la tableta en si misma es indudablemente auténtica. En base a esto último, el Doctor Rochelle I. Altman, opina que el soporte de la escritura ( la tableta ) podría haber contenido alguna escritura auténtica muy desgastada e ilegible al ojo humano; casi “una pizarra en blanco”, aunque algunas partes podrían haber sido leídas mediante técnicas modernas micro-imaging. Tras su falsificación el texto original habría desaparecido para siempre.

En cuanto a la prueba del radiocarbono aplicada a la tableta, Elisabetta Boaretto del Departamento de ciencia ambiental e Investigación en Materias (ESER) llega a la conclusión que fechar mediante radiocarbono la pátina en la tableta de Jehoash no aporta una prueba concluyente a la autenticidad de la inscripción.

En una carta escrita por Chaim Cohen a la lista ANE de la Universidad de Chicago, este investigador añade que de un análisis filológico del texto, la frase nechoshet’Edom “cobre de Edom” no puede ser usada filológicamente a favor de una falsificación.

Hay otros autores que ven algunas palabras del texto como encuadrables en la época, pero se basan hipótesis debido a la escasa información que todavía disponemos sobre la escritura del siglo IX a.C. Por ejemplo Freedman añade: « El estudio de las antiguas inscripciones semíticas del noroeste se hace muy difícil porque nuestra recopilación es tan pequeña.»

El Profesor Shmuel Ahituv manifiesta su opinión sobre la “inscripción de Jehoash”,añadiendo que de un análisis de la primera línea debe leerse “que era rey sobre la tierra de Judah” o una frase similar. El comienzo del texto no es apropiado para una inscripción real, y no tiene de hecho ningún paralelo entre las inscripciones del cercano Oriente. Las palabras “las paredes de alrededor” no tienen sentido. En definitiva, para Shmuel Ahituv la inscripción ha sido escrita por un conocedor del hebreo moderno quien tomó prestadas partes de versículos de la Biblia y compuso un texto con similitud Bíblica. Si sus anomalías paleográficas tienen cierta justificación, los errores estilísticos y gramaticales no pueden ser explicados. Es en definitiva una falsificación. A la misma conclusión llega Freedman quien alega «Es como si la inscripción hubiera sido escrita por alguien que no pensaba en hebreo antiguo y que intentó ajustar el vocabulario y la ortografía para encajar la lengua antigua»; y concluye «la inscripción es una falsificación» Para Orna Cohen, conservador de Antigüedades,la tierra marrón en la inscripción de Jehoash revela un intento de falsificación “simple”.

(V) EL OSARIO DE SANTIAGO

Ya hace más de dos años, que fue descubierto el llamado “Osario de Santiago”.Una caja de piedra caliza que suscitó una polémica en el mundo de la arqueología bíblica.

En realidad, los osarios son bastante comunes. La Autoridad de Antigüedades de Israel conserva cientos en su sótano. ¿Qué tiene de especial éste? La inscripción aramea en su lateral “Ya`qûv bar Yûsef akhûî di-Yeshûwa`”. Yacob… Hijo de Joseph… hermano de Jesús. “

¿Podría esta caja haber contenido los huesos del hermano de Jesús?

La mayoría de arqueólogos están de acuerdo en que la caja es genuina, pero no se ponen de acuerdo sobre la autenticidad de la inscripción. Al parecer la escritura es demasiado perfecta. Expertos en escritura alegan que ambas partes de la inscripción no concuerdan. En el comienzo del texto “Yacob hijo de Joseph,” las letras son formalmente iguales, pero la parte del final, “hermano de Jesús” es desigual, y las letras son distintas. Esto último indica que las últimas palabras “hermano de Jesús” podrían haber sido añadidas por un falsificador.

Además el osario no fue desenterrado en una excavación autorizada, sino que apareció directamente en una tienda de antigüedades. De este modo no se sabe a ciencia cierta el contexto de este objeto. Se dice fue adquirido de un distribuidor árabe en la década de los setenta. En el año 2002 un especialista vio el osario y saltó el tema de la inscripción y con ella la polémica.

La Autoridad de Antigüedades de Israel exigió que el Osario fuera devuelto a Israel y se nombraron dos comités para que analizarán y se pronunciaran sobre la inscripción. Para su análisis se ha comparado la pátina residual exterior e interior de la inscripción y en la interior de las letras, la pátina es diferente, como si fuera un añadido. Después de dos años de investigaciones, la Autoridad de Antigüedades de Israel asegura que parte de la inscripción es una falsificación.

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Fig. 4 – El Osario de Santiago
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